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Mi finca ahora es una empresa, no un tuquito de tierra

14 Ago

Guerid Osmín Treminio Castro: Comarca Caño de Agua, municipio de Paiwas, departamento de Matagalpa.

Soy un pequeño productor que aprendió mucho con este proyecto. Vivía fumigando y fumigando los pastos pero la maleza era imperdible. La mitad de la finca estaba llena de maleza, hasta que en las Escuelas de Campo (ECA) aprendí pequeños secretos de productos que tenemos en la finca y con ellos desaparecí la maleza. Ahora mi finca está toda empastada, con pasto mejorado, al punto que con las mismas cinco vacas que tengo, saco 25 litros diarios de leche cuando antes solo sacaba 15. Son 90 pesos diarios más de ingreso y leche de calidad.

Durante una ECA nos pusieron a pensar cómo sería nuestra finca. Hice un dibujo de esa idea y comencé a trabajar para hacer realidad esa idea. Una mitad de la finca la dividí en diez potreros, allí puse el ganado parido para hacer rotación de pastoreo, manteniendo tres días las vacas en cada potrero. Esa es de las cosas que más me gustó de este aprendizaje, porque usted viera cómo rinde el pasto. Cuando las vacas regresan al primer potrero ya el pasto está de nuevo hermoso, no como antes que no crecía porque el ganado lo pisoteaba y lo ensuciaba con el estiércol y la orina. Y ese pasto el ganado no se lo come.

Me gustó mucho cómo enseñan en las ECA´s, porque se dieron cuenta que nosotros aprendemos de lo que miramos y hacemos. De nada nos sirve que nos vengan a dar charlas y charlas si nunca nos ponemos a hacer nada. Los finqueros tenemos los cuadernos llenos de anotaciones que poco sirven. También me gustó el pase de cadena, porque nos ayudó a convivir mejor dentro de la comunidad. Después que nos levantó en lo económico, también nos levantó en lo social, pues uno aprende el valor de compartir con otras personas que necesitan de apoyo, y este apoyo no solo se refiere a compartir cosas materiales sino, también, el conocimiento que el proyecto nos ha traído.

Todo este conocimiento cambió mi forma de ver la finca. Ya no es la finquita, o el tuquito´e tierra, como antes yo le decía. Ahora lo que tengo es una empresa familiar. Aprendí a ver y aprovechar tantas cosas que siempre habíamos tenido en la finca pero que por desconocimiento no las aprovechábamos. Decíamos, por ejemplo, “Quitá ese palo de Guanacaste que hace mucha sombra”. Ahora no, porque sabemos que de ese árbol sale un súper alimento para el ganado, además que le da sombra al animal.

Hemos aprendido a hacer crecer la empresa con cosas simples, sin pensar en irme a endeudar. También me pongo a platicar con los vecinos sobre todo esto que he aprendido, y de vez en cuando les ayudo y les enseño al mismo tiempo. Nos han enseñado a compartir, y no solo lo económico como, por ejemplo, “tomá este tuco de tortilla”, sino las ideas, los conocimientos que nos han dado.

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