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Las mujeres de La Danta y sus famosas rosquillas/ The women from the community of La Danta and their famous rosquillas

Las mujeres de La Danta y sus famosas rosquillas/ The women from the community of La Danta and their famous rosquillas

06 Sep

Un grupo de mujeres está al frente de una cooperativa que elabora rosquillas. Las venden en Somotillo, pero su producto ya ha llegado hasta los Estados Unidos.

El año pasado Carmenza del Socorro Álvarez viajó durante un mes a Costa Rica para trabajar en la cosecha de naranja. Aunque eso le permitió ganar dólares, la jornada era muy agotadora, de 5:00 a.m. a 6:00 p.m. Durante su estadía en el vecino país del sur observó cómo muchos trabajadores agrícolas sufrían accidentes: algunos perdían los dientes cuando las naranjas les caían en la cara y otros se golpeaban con la vara que usaban para bajar los frutos.

“Me levantaba oscuro, hacía la comida para mí y para mi marido, llevábamos desayuno y almuerzo, y allá comíamos cuando descansábamos un rato”, cuenta Carmenza mientras le da forma a las rosquillas que dentro de pronto entrarán al horno. “El trabajo consistía en sacudir los palos de naranja y después recogerlas naranjas en unos sacos quintaleros”, añade.

Ella pertenece a la cooperativa Mujeres Unidas de La Danta, que procesa alimentos derivados del maíz, sobre todo rosquillas, las que luego venden en esa comunidad y en otras de Somotillo, municipio de Chinandega ubicado en el corredor seco de Nicaragua. En esta cooperativa están asociadas 18 mujeres.

“Ahora no me voy del país porque primero quiero estar organizada y si me voy ya no podré estarlo, y también porque tengo un trabajo”, dice Carmenza.

Esta mujer de 38 años y hablar fácil tiene una hija de 14 años que le ayuda a vender las rosquillas que le corresponde comercializar. “Yo he sido trabajadora desde joven y mi hija también lo es”.

“Lo que gana de las rosquillas ella se lo queda y con esos reales compra sus cositas porque está estudiando sabatino, lleva tercer año de secundaria”, relata.

La cooperativa Mujeres Unidas de La Danta es una de las iniciativas económicas que se realiza dentro del proyecto “Mujeres y jóvenes emprendedores del corredor seco, con empoderamiento y soluciones tecnológicas ante el cambio climático”, con presencia en nueve municipios de Chinandega y uno de León, garantizando que 4,500 familias lideradas por mujeres en las zonas más empobrecidas y vulnerables fortalezcan sus capacidades y construyan sistemas de producción más resilientes ante los efectos del cambio climático.

¿Cómo nació la cooperativa?

Digna Emérita Olivas, de 52 años, es la presidenta y gerente de la cooperativa, y cuenta que muchas de ellas antes pertenecían a una cooperativa mixta (es decir, compuesta hombres y mujeres), sin embargo, luego se unieron y crearon Mujeres Unidas de La Danta. Antes que la cooperativa empezara a funcionar formalmente fueron capacitadas en género y administración de empresas.

“En agosto de 2016 hicimos un proceso de horneado, trajimos a una señora de Somoto para que nos enseñara a hacer las rosquillas”, recuerda.

Previo a su involucramiento en la cooperativa ella se dedicaba a las labores del hogar y también sembraba maíz, frijoles y trigo para el consumo.

Además de dedicarse a las labores administrativas, Digna es la encargada de hornear el pan. “A veces nos hacen unos encargos que van a España o los Estados Unidos, no son grandes cantidades, sino unos 500 córdobas”, cuenta Digna, (quien tiene seis hijos e hijas y siete nietos y nietas. Ella debe caminar más de un kilómetro para llegar hasta la planta donde procesan las rosquillas, que está ubicada frente a la escuela de la comunidad.

Las utilidades de la cooperativa se reparten trimestralmente. Entre diciembre y febrero cada una de las socias  recibió C$1,442.

Joseling Andrade, una joven licenciada en trabajo social que regresó a la comunidad al culminar sus estudios, y es también vicepresidenta de la cooperativa, explicó que hay cuatro grupos de mujeres. Los grupos trabajan una semana al mes y por día de trabajo cada mujer gana C$100, luego cada una debe vender C$1,500 de rosquillas y por eso también reciben un porcentaje de la ganancia. Después de la venta entregan cuentas a la planta y el 20% se destina a los gastos administrativos.

La semana que le toca trabajar Digna debe levantarse a las 3:30 a.m.   A las 4:40 a.m. comienza el trabajo en la planta. A las 8:00 a.m. ya está encendido el horno.

“Como hoy estamos haciendo una arroba terminaremos a las 4:00 p.m.  Dependiendo del tamaño es que salen las rosquillas, ahora compramos cuajada barata, entonces nos saldrán entre 4,250 y 4,210”, detalla.

Entre las dificultades que enfrentan está el no tener una marca y un empaque industrial. Necesitan además un horno moderno para mejorar la calidad del producto y evitar que la encargada del mismo sufra enfermedades por exponerse al intenso calor y luego, camino a su casa, a la lluvia.

“En estos hornitos la dificultad es que tenemos que estar viendo que no se me pasen de color las rosquillas si eso ocurre, si reciben mucho calor, ya no entran a la venta y entonces es cuando uno pierde por la calidad del producto”, dice Digna, quien es el principal sostén de su hogar porque su esposo padece una discapacidad que le impide trabajar en el campo.

Antes de pertenecer a la cooperativa Martha Cadenas, de 48 años, solo se dedicaba a su hogar. En ocasiones preparaba cajetas de leche y su hija de 15 años las vendía en la comunidad. “Así podía lograr que ella se fuera a clase y ahora está en cuarto año”, cuenta refiriéndose a su hija.

En la cooperativa aprendió a hacer rosquillas y le ha generado más ingresos económicos. “Esto me ha permitido que mi hija deje de vender cajetas porque estos 100 córdobas que me hecho a la bolsa por hacer rosquillas antes no los tenía”. Martha también logra ingresos económicos vendiendo huevos.

El proyecto SANSECO II permitirá potenciar 10 negocios agrarios en las cadenas de valor del marañón, miel, lácteos, carne de cerdos, hornados, huevos y carne de aves. Estos son liderados por las mujeres que integran los grupos de emprendedoras organizadas en sus cooperativas.

De esta forma se espera que el 80% de las familias participantes mejoren sus ingresos, tal como ha ocurrido con Digna, Carmenza y Martha.

Read in english… 

A group of women heads a cooperative that makes rosquillas. They sell them in the municipality of Somotillo, but their product has already reached the United States.

Last year Carmenza del Socorro Álvarez traveled for a month to Costa Rica to work on the orange harvest. Although that allowed her to earn dollars, the working day was very tiring, from 5:00 a.m. at 6:00 p.m. During her stay in the neighboring southern country she observed how many agricultural workers suffered accidents: some lost their teeth when the oranges fell on their faces and others were beaten with the stick they used to collect the fruit.

«I used to get up in the darkness, I made food for myself and my husband, we used to take breakfast and lunch, and there we ate when we rested for a while», Carmenza says while shaping rosquillas that soon will enter the oven. «The job was to shake the orange trees and then pick the oranges in some one-hundred-pounds sacks,» she adds.

She belongs to Mujeres Unidas de la Danta (United Women of La Danta) Cooperative, which processes foods derived from corn, especially rosquillas, which are then sold in that community and in others in Somotillo, Chinandega’s municipality located in the dry corridor of Nicaragua. In this cooperative are associated 18 women.

«Now I do not leave the country because first I want to be organized and if I leave, I will not be able to be, and also because I have a job,» says Carmenza.

This 38-year-old woman has a 14-year-old daughter who helps her to sell the rosquillas she has to sell. «I’ve been a hard worker since I was young and my daughter is a hard worker.»

«What she earns from the rosquillas she keeps it and with that money she buys her things because she is studying on Saturdays, she is in 9th grade of high school,» she says.

Mujeres Unidas de La Danta cooperative is one of the economic initiatives carried out within the project «Women and young entrepreneurs of the dry corridor, with empowerment and technological solutions to climate change«, with presence in nine municipalities of Chinandega and one municipality of Leon, Ensuring that 4,500 female-led families in the most impoverished and vulnerable areas strengthen their capacities and build more resilient production systems in the face of climate change.

How was the cooperative born?

Digna Emérita Olivas, 52 years old, is the president and manager of the cooperative, and says that many of them formerly belonged to a mixed cooperative (men and women), however, they later joined and created Mujeres Unidas de La Danta. Before the cooperative began to function formally they were trained in gender and business administration.

«In August of 2016 we did a baking process, we brought a lady from the city of Somoto to teach us how to make rosquillas,» she recalls.

Prior to her involvement in the cooperative, she worked in the household and also planted corn, beans and wheat for consumption.

Besides dedicating herself to the administrative tasks, Digna is in charge of baking the bread. «Sometimes we are given orders that go to Spain or the United States, not large amounts, but about 17 dollars», says Digna, (who has six sons and daughters and seven grandchildren and she must walk more than a kilometer to arrive to the plant where they process the rosquillas, which is located in front of the community school.

The profits of the cooperative are distributed quarterly. Between December and February each of the members received 48 dollars.

Joseling Andrade, a young woman graduated in social work who returned to the community after completing her studies, and is also vice-president of the cooperative, explained that there are four groups of women. The groups work one week per month and per day of work each woman earns 3.3 dollars, then each one must sell 50 dollars of rosquillas and therefore also receive a percentage of the profit. After the sale they developed accountability to the plant and 20% goes to administrative expenses.

The week that Digna has to work must be up at 3:30 a.m. At 4:40 a.m. Her work on the plant is already beginning. At 8:00 am. The oven is already on.

«As today, we are making 11.34 kg we will finish at 4:00 p.m. Depending on the size of the rosquillas, we now buy cheap curd, then we will make between 142 and 140 dollars», he says.

Among the difficulties they face is not having a brand and an industrial packaging. They also need a modern oven to improve the quality of the product and prevent the person in charge of the product from suffering because of the exposure to intense heat and then, walking home in the rain.

«In these small ovens the difficulty is that we have to be seeing that the rosquillas do not change of color because if they change of color (that receive much heat) they do not go on sale and that is when one loses money by the quality the product «, Says Digna, who is

The main provider of her home because her husband suffers from a disability that prevents him from working in the field.

Prior to joining Martha Cadenas cooperative, 48 years old, she was only devoted to her home. Sometimes she made milk candies and her 15-year-old daughter sold them in the community. «That way I could get her to attend class and now she’s in her 10th grade of high school», she says about her daughter.

In the cooperative, she learned how to make rosquillas and it has generated more income. «This has allowed my daughter to stop selling milk candies because I did not have these 3.3 dollars that I earn now from making rosquillas». Martha also earns money by selling eggs.

The SANSECO II project will allow the promotion of 10 agricultural businesses in the value chains of cashew, honey, dairy, pork, baking, eggs and poultry meat. These are led by the women who make up the groups of entrepreneurs organized in their cooperatives.

In this way, 80% of the participating families are expected to improve their income, as has happened with Digna, Carmenza and Martha.

 

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